DESCANSO VERANIEGO

Hasta el 10 de septiembre el blog permanecerá en barbecho por la preparación del mes del terror (octubre) y la escritura de mi distopunk. Gracias por seguir ahí, ¡nos vemos muy pronto!

10 de marzo de 2017

La hipótesis fantástica 2ª parte (relatos 2014)




—Ven conmigo, por fa. —Busca la mano del chico en la oscuridad y la agarra delicadamente. Lo ayuda a incorporarse.
Cruzan el pasillo en silencio. Darío observa a un lado y a otro. Si se topan con un extraño no tiene ni idea de cómo va a reaccionar, pero debe mantener la compostura delante de ella.
Apenas cruzan el umbral de la cocina, Enma lo acorrala contra las frías baldosas de la pared y, apoyándose sobre la punta de los pies, logra alcanzar su oído.
—Darío, siempre he creído que eras un pringado –susurra—. Un pringado muy mono. Este último año me he fijado en que has estado haciendo ejercicio. —Recorre lentamente su abdomen con la mano y le levanta la camiseta por accidente—. Te he visto correr por la playa, y en clase de Gimnasia eres el que más dominadas hace.
—No, no, no… No te entiendo, ¿a dónde quieres llegar? —susurra esforzándose por no tartamudear.
—¿Quién crees que convenció a las chicas para seguir adelante con la fiesta a pesar de la galerna? —Desliza los dedos entre el cabello de él, y enreda uno de sus finos mechones de pelo. Darío traga saliva; nota cómo le arden las mejillas y las orejas—. Era obvio que aunque el temporal cediera un poco no tendríamos una típica noche de verano. Tienen tan poca personalidad… —Enma estira la última sílaba como regocijándose.
—Pero son tus amigas, ¿no? –pregunta sin moverse ni un milímetro.
—Sí y no. Yo también soy una friki –confiesa dándole un toquecito en la nariz con el dedo —solo que me camuflo mejor que tú. —Se apoya de nuevo sobre la planta de los pies y continua—. Gracias al imbécil de mi primo no me costó demasiado esfuerzo adaptarme; empecé el instituto patrocinada por «El gran Leo» o «El gran Lerdo», como yo lo llamo.
Darío pestañea repetidamente para cerciorarse de que está despierto. Ha empezado a sudar y teme tartamudear de nuevo.
—Convencí a mi primo para llevar nuestra barbacoa a la fiesta.  Los entretuve a él y a su inseparable amigo hasta que nos encontró la galerna recogiendo los restos –reconoce—. Me lo he currado mucho para acabar en tu casa esta noche y sin levantar sospechas.
Los ojos de Darío se han acostumbrado a la oscuridad y puede discernir como Enma le dedica un guiño.
—Entonces —contesta él en un arranque hormonal—, debería darte tu recompensa.
La agarra por la cintura y la gira colocándola en el lugar que él ocupaba un segundo antes. Sujeta su cabeza de forma suave pero firme y caen al suelo cuando trastabilla al tratar de apoyarla contra la pared.
Enma intenta contener la risa, pero no puede evitarlo y suelta una carcajada.
—¿Estás bien? –pregunta—. Qué vergüenza, perdona.
—Sí, creo que sí —confirma ella mordiéndose el labio—. Da igual. Esto también forma parte de tu encanto; eres diferente, pero no del modo que tú crees.
—Lo sabía, siempre lo he sabido –remarca poniéndose en pie—. Mi amigo me decía que estaba loco, pero yo notaba cómo me mirabas cuando creías que nadie te veía...
—Soy yo la que debería pedirte perdón –se lamenta—. He sido idiota.  Solo quería encajar y no me paré a pensar en el precio.
—No te culpes. Si yo hubiera podido elegir probablemente habría hecho lo mismo.
—Quizás, ahora que se acaba el instituto y comienza una nueva etapa podamos salir juntos alguna vez —sugiere.
—Llegas tarde, Enma. Después del verano me largo. Voy a estudiar en la uni de Salamanca.
—Tendrás que buscarte una excusa mejor. —Se acerca y sostiene su cara entre las manos—. Está a una hora de aquí; además, viviré al lado —dice dando un golpe de melena.
—¿Qué? – Darío la agarra por los hombros y la anima a que continúe.
—¿Por qué crees que siempre tengo ojeras? –Arquea las cejas—. Después de las fiestas y de las citas me encierro en mi cuarto a estudiar –confiesa—. Todos creen que tengo buena memoria o que me tiro a algún profesor, pero así no se consigue una media de nueve ni una beca en una buena uni. Son ignorantes hasta para eso… ¿Me vas a dar una oportunidad? pregunta aleteando con las pestañas.
Darío desliza las manos desde los hombros de Enma hasta las caderas y la eleva por encima de su cabeza. Vuelve la luz y, entonces se observan durante unos segundos, antes de que la deposite en el suelo y ella lo bese brevemente tirando de los cuellos de su polo.
—Y se hizo la luz. –Leo asoma por la puerta—. ¿Qué hacéis aquí?
—Tenía sed y no encontraba los vasos –finge ella con una risita.
—¿Nos quedamos aquí o volvemos ya a casa? –pregunta Leo—. Parece que el aire ha parado un poco.
—Estoy medio dormida. Mejor pasamos aquí la noche, ¿vale? propone.
—Ok, como prefieras. Programaré la alarma del móvil a las seis, no quiero que tu madre me vea dejarte por la mañana. Descansa, primita.
Enma mira de reojo a Darío y se despide de Leo agitando la mano. Se muerde los carrillos para aguantar la risa y sale de la cocina contoneándose.
—Por si tenías dudas, ya te ha quedado claro quién es el listo de la familia. Entonces ―dice dirigiéndose de vuelta a la habitación—. ¿Me sigues?
Darío asiente con la cabeza y camina tras ella. 


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