21 de marzo de 2017

Leyenda urbana 1ª parte (relatos 2014)

leyenda pueblo


 ―Sube, te llevo ―dice Udane tratando de contener un bostezo.
―Da igual. ―Naiara esboza una sonrisa de agradecimiento―. Prefiero ir andando, así tengo más tiempo para pensar.
―Ni de coña, tía. Venga, que al final se me cala el coche ―protesta.
Udane no está dispuesta a ceder. No se perdonaría volver a ver a una de sus amigas en el apartado de sucesos del periódico.
Naiara entra en el coche, no le quedan neuronas válidas para discutir. Llevan dos semanas trabajando en el pub de las afueras, pero se les antoja eterno.
―Estoy harta, el verano no es para currar ―se queja Udane haciendo pucheros.
―Eres súper exagerada, U; he servido yo la mayoría de las copas. Si piensas seguir haciendo de florero paso de ir a medias con las propinas.
―Qué poquita visión de negocio tienes, cariño; tú pones la mano de obra y yo atraigo clientes con mis dos amigas. ―Menea los pechos con una rítmica sacudida.
Naiara ríe, aunque en realidad se siente un poco ofendida. No puede culpar a Udane por ser tan creída. U es una chica de estatura media con un cuerpo de escándalo; sus ojos negros y su melena caoba dejan sin aliento a varones de un amplio rango de edades.
―Qué guarra eres, tía ―dice Naiara con el gesto torcido―. Ahora que tienes dieciocho se ha abierto la veda, ¿eh?
―Sí, ahora puedo ir a por los mayores de edad. ―Naiara la mira con las cejas arqueadas―. Quiero decir que no tengo que esconderme para quedar con ellos. Se me estaban acabando los críos de este pueblo, este sitio es muy pequeño. ―Udane saca la lengua para burlarse y cambia de marcha.
Durante un kilómetro y medio siguen recto por una de las carreteras que entra al pueblo.
―¡Frena, loca! ―exclama Naiara pegándose contra el respaldo del asiento―. Has venido por aquí con Erik cientos de veces, ¿aún no conoces esta curva?
―Perdona, se me ha ido la pinza. No puedo estar a todo. ―Señala la L de la luneta trasera con el pulgar―. No me estreses.
―Sabes que te quiero U, pero eres lo peor.
Las dos ríen carcajadas, como cuando eran pequeñas; siempre que le entraba la risa a Udane, ya no podían parar ninguna de las dos.
―Déjame en la rotonda, frente a la parada del bus; paso de que me estampes con tu corsita y salir en las noticias. ―Naiara abre la puerta del coche.
―Deberías de tener más cuidado con lo que dices ―le recrimina.
Naiara se disculpa por su poco tacto, y espera a que Udane detenga el vehículo del todo.
―Sabes que no lo he dicho con segundas intenciones. Tienes que pasar página ―aconseja, poniendo un pie en el asfalto.
―No puedo. ―Agacha la cabeza y niega en silencio―. Fue mi culpa, nunca me libraré de esa carga.
―No digas tonterías ―le consuela dándole la mano―. María siempre volvía sola desde tu casa. ¡Todas lo hacíamos! Nadie podía imaginar que en un lugar como este ocurriera algo así.
―No. ―Sigue negando con la cabeza―. Un accidente de tráfico es «algo así»; un tornado es «algo así»; lo que le pasó a María fue un asesinato.
La respiración de Udane comienza a agitarse y Naiara le acaricia la nuca con delicadeza, está acostumbrada a los arrebatos y al sarcasmo de U.
―Tal vez deberías de buscar ayuda profesional. ―La atrae hacía sí y la abraza.
―No quiero pastillas. No estoy loca ―se queja apoyando la cabeza sobre el hombre de su amiga. Un movimiento atrae su atención―. ¿Qué es eso? ―Se separa e incorpora―. Genial, ahora también tengo pesadillas despierta.
―No creo que estés dormida, yo también lo veo ―confirma.
―Una bolsa de plástico negra… ¿Qué hace? No puede ser, va hacia la campa.
―Síguelo ―ordena Naiara sin poder apartar la vista de la silueta.
Udane arranca el coche y, sin encender las luces, se aproxima despacio a la sombra. Se para a pocos metros.
El tipo está tan ensimismado que no se percata de la presencia de las voyeurs.
La silueta avanza por el andén arrastrando una bolsa de tamaño medio hasta alcanzar la valla que separa la calzada del terreno; da un golpe contundente a la verja y la atraviesa sin esfuerzo. Se acerca a zancadas hasta los arbustos y desaparece engullido.
Udane arranca y se deslizan en punto muerto. Para el motor a un par de metros y se inclina sobre el volante tratando de vislumbrar la sombra entre el follaje. U presiona el claxon con una de sus voluptuosas amigas y la cabeza del sujeto emerge del matorral como una exhalación.
―¡Arranca, joder! ―grita Naiara tirando del cinturón de seguridad de U.
Udane arranca activando por accidente los focos y el limpiaparabrisas.
La silueta retrae la cabeza, víctima de un destello, y se acerca a la valla mientras se frota los ojos con el dorso de las manos.

✤✤✤✤✤✤

Udane aparca junto a su casa y suben corriendo las escaleras de la entrada.
―Hola ―dice Naiara después de marcar el 112 en la pantalla del móvil―. Sí, un sujeto alto con un chubasquero oscuro continúa explicándose. 
Udane gira la llave para cerrar la puerta por dentro y observa por la mirilla.
―Ha escondido una bolsa de plástico, de esas que se cierran tirando de las asas ―relata―, y tenía otra más grande justo al lado de la verja.
Udane tira de Naiara hasta su dormitorio cuando ésta cuelga.
―¿Qué te han dicho? ―interroga agarrándola por el brazo.
―Van a dar parte a la comisaria correspondiente ―responde mirándose el brazo sujeto―. Nos llamarán enseguida para corroborar la recepción del aviso e informarnos. Y suéltame ―pide, dándole un manotazo en los nudillos―. Tenías que acercarte a cotillear, ¿no?
―Está sonando, cógelo ―dice U sin darse por aludida.
―¿Sí? ―Naiara se aparta un mechón rizado del ojo―. ¿Qué? ―El teléfono se desliza entre sus dedos. U intenta cogerlo al vuelo pero no consigue evitar que choque contra la madera.
―¿Qué pasa?, ¿qué te han dicho?
Naiara se sienta sobre la cama nido y Udane la zarandea en busca de respuestas.
―Ha vuelto ―murmura con la mirada perdida y los ojos vidriosos.
―¿Quién?, ¿a qué te refieres? ―Deja de agitarla.
―El capitán Garfio ―contesta volviendo la mirada hacia su amiga.
―No es posible, dijeron que fue un caso aislado. ―Palidece como si toda la melanina de sus células se esfumara de golpe y cae de rodillas al suelo.
―Dice que ha vuelto para llevarse a su esposa; que nos mantengamos al margen o nos destripará como hizo con María ―explica mientras se abraza a sí misma―, que esta vez será únicamente por placer ―concluye entre castañeteos de mandíbula.

✤✤✤✤✤✤

―Esta madrugada han aparecido vestigios de lo que parecen ser enseres personales en una campa de Getabetxu ―lee Naiara en voz alta―. Los restos han revelado: ropa y un colgante de metal con forma de eguzkilore. Por el momento, se desconocen más datos. La policía sigue investigando, aunque todo apunta a una inocentada ―termina de leer y cierra el periódico.
―Tenemos que contar lo que te dijo anoche por teléfono. No podemos dejar que vuelva a actuar.
Udane abre el boletín y busca la página del artículo. Retrepa en la silla mientras relee varias veces el titular. Naiara afirma con la cabeza para mostrar conformidad.
―Llamaré a Erik ―dice U chasqueando los dedos e irguiéndose.
―Hace meses que no hablas con él. ¿Crees que es buena idea? Quizás…
―Quiero hablar con él antes de presentarnos en la comisaría y que de verdad cunda el pánico ―interrumpe―. Prefiero que lo sepa por mí.

✤✤✤✤✤✤

―Lo siento, Erik ―dice U―. Creo que nunca me llegué a disculpar. ―Se encoge de hombros y niega con la cabeza; no encuentra las palabras apropiadas así que, opta por la comunicación no verbal.
―No fue tu culpa ―contesta―. Fue ese pescador hijo de p…
―No ―le corta, alzando una mano―. No quiero hacerte recordar. Solo necesito contarte una cosa y decirte lo que no pude, ni antes ni después de que me dejaras.
Naiara desvía la mirada hacia la barra y les pregunta si les apetecen aceitunas con la cerveza; Erik niega con el dedo y U la obvia para no perder el contacto visual con el chico.
―No sé por qué he venido ―dice él apoyando las manos en la mesa―. Me largo, paso de escuchar recriminaciones y lloriqueos. Es mi hermana la que está muerta, ¿no te parece que ya tengo suficiente? ―Se levanta de golpe empujando la silla hacia atrás y tira diez euros al lado del servilletero antes de marcharse.
Naiara mira a su amiga con el gesto torcido.
―Vamos, anda. Será mejor que dejemos de perder el tiempo.
―Soy idiota ―dice Udane―. Tengo que disculparme; pero esta vez, sin que suene a reproche. No paro de cagarla con Erik. Llevo meses pensando en qué decirle y cuando consigo verlo, solo se me ocurre lanzarle una pulla infantil. Acerquémonos a su casa, por fa, nos pilla de camino a la comisaria. 

El 26 de marzo a las 17:00 (hora española)... ¡El desenlace!


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