2 de marzo de 2017

Los consejos de Stephen King


Hellooo! En esta entrada te traigo unos valiosos consejos del desconocido autor Stephen King.
Cuando inicié mi andadura allá por 2014 en esto de la escritura creativa, en el Taller en el que participé durante dos años me recomendaron el libro Mientras escribo del susodicho. He de reconocer que en un primer momento pasé, pero un día en el trabajo, un compañero también me lo mencionó; me dijo que seguro que me venía bien. Y ahí ya sí que me animé a echarle un ojo porque pensé que era demasiada casualidad siendo un autor tan pero tan poco conocido.
Al principio me mostré escéptica ya que (algunos vais a querer matarme) no me gusta Stephen King. Juro que lo he intentado; he visto incluso vídeos sobre cómo empezar con sus novelas y he leído guías, pero no hay manera. Sin embargo, Mientras escribo me enganchó desde el primer momento, me mantuvo alerta e interesada: es una mezcla de biografía con valiosos recursos y consejos basados en una amplia experiencia, de ahí su enorme valía.
Por supuesto el libro tiene mucho más contenido, pero yo extraje lo que más me llamó la atención y me pareció de utilidad, y lo transcribí con mis propias palabras.
Te animo a leer el libro igualmente, a pesar de tener aquí parte de su chicha.
Y ahora ya... Vamos que nos vamosss.




 CONSEJOS DE STEPHEN KING (no le hagas caso si tienes coj...) 


it clown


- El vocabulario se adquiere leyendo; leer nos da alas para escribir y sentirnos cómodos.
La primera palabra que viene a la cabeza suele ser mejor que el octavo sinónimo. No hagas ningún esfuerzo consciente de mejorarlo, (surgirá de forma natural al releer).
Poner al vocabulario de tiros largos por vergüenza a parecer inculto es de lo peor que se le puede hacer al estilo. Es como vestirle de gala a un animal doméstico: El animal va incómodo y pasa apuro, pero el culpable de la presunta monería debería pasar todavía más.

- La voz pasiva está prohibida: en la voz activa el sujeto hace algo; en la pasiva, al sujeto le hacen algo.

- Adverbios: ¡Cuidadín! Los adverbios en exceso sugieren que no tenemos recursos y que somos vagos. Así que sinceramente te digo que escribas cuidadosamente porque si los usas exageradamente quedarás cansinamente  y querrán pegarte un tiro diligentemente🔫 (es una pistola aunque parezca un secador de pelo).

- Verbo decir: es el mejor. ¡Viva el «dijo»!

- No existen frases, sino párrafos.

- Descripción: imagina y después cuenta lo que has visto. Cierra los ojos y recorre con la mirada lo que tienes en mente.

- No cuentes nada que no puedas mostrar: si un personaje es tonto, debes demostrarlo sin decirlo abiertamente (a través de su actitud, sus diálogos…).

- Los diálogos pueden ser buenos o malos, y se nota: los buenos fluyen, son pura lírica mientras que los malos son forzados y ortopédicos, predecibles.

- Hay que ser sincero: tus personajes deben decir lo que quieres que digan, aunque quedes fatal ante la galería, (un niño diciendo defecar en vez de cagar; un adolescente diciendo caray en vez de joder; un mundo en el que nadie es racista o machista...).
No debes ser falso, ni cobarde. Deja que tus personajes hablen libremente.
Presta atención a lo que hace la gente que te rodea y cuenta la verdad de lo que has visto. Quizá te hayas fijado en que el vecino, cuando cree que nadie lo ve, se mete el dedo en la nariz. Es un detalle valioso, pero no serás mejor escritor por fijarte, sino por estar dispuesto a incluirlo en algún episodio de la narración.
¿Los personajes de ficción se inspiran directamente en la realidad? Está claro que no, al menos en proporción de uno a uno. Evita calcar a alguien o te expondrás a que te denuncien o te apuñalen yendo a abrir el buzón.

- Es importante tener la trama pensada de antemano, pero no imprescindible; de hecho, es mejor empezar a desenterrar y ver qué fósil aparece. Los personajes cobran vida y alteran tus planes.

- En la vida real nos vemos todos como protagonistas. Siempre nos enfoca la cámara a nosotros. Si eres capaz de trasladar esta actitud a la narrativa, es posible que no te resulte fácil crear personajes brillantes, pero caerás menos en la trampa de crear monigotes unidimensionales. Por ejemplo: Annie Wilkes, la enfermera que tiene prisionero a Paul Sheldon en Misery, parece una psicópata pero hay que tener en cuenta que ella no se ve así; es más, se considera a sí misma una heroína.
Si digo frases como: «Annie amaneció deprimida, y quizá hasta con pulsiones suicidas", salgo perdiendo. En cambio, si puedo enseñar a una mujer callada y con el pelo sucio, devoradora compulsiva de galletas, y lograr que el lector deduzca que Annie se halla en la fase de depresión de un ciclo maníaco-depresivo, gano. Si puedo hacer entender su locura, quizá consiga que el lector simpatice con ella, e incluso que se identifique. ¿Resultado? Da más miedo que nunca, porque se aproxima a la realidad. Si la convierto en una arpía siniestra, solo será otra bruja de cartón.
Si sigues escribiendo descubrirás que todos los personajes que creas tienen algo de ti.

- Los precedentes, o historia de fondo, son todo lo que ocurre antes del inicio de tu relato pero que tiene impacto sobre la historia principal. Contribuyen a definir a los personajes y establecer motivaciones. Es importante introducir los precedentes con la mayor rapidez, pero también es importante hacerlo con cierta elegancia. He aquí la intervención de un personaje como ejemplo de falta de ella: 
Hola, exmujer —le dijo Tom a Doris, que entraba en la cocina.
El hecho de que Tom y Doris estén divorciados puede ser importante para la historia, pero seguro que hay una manera mejor que la de arriba, que tiene la elegancia de un asesino con hacha. He aquí una propuesta: 
—Hola, Doris —dijo Tom. Su voz sonaba natural (al menos a sus propios oídos), pero los dedos de su mano derecha reptaron hacia donde había tenido su anillo de casado hasta hacía seis meses.

- Escribe y reescribe, corrige… Es mejor escribir mal que no escribir nada, para eso está la tecla de suprimir.

- Cuando esté todo escrito (tres meses por libro más o menos), suma la cantidad de palabras y hazle el 10%, ese porcentaje son las palabras en las que debes recortar tu texto (como se nota que él escribe auténticos tomos de enciclopedia).
Ejemplo para los letrosos como yo: si tu relato tiene 1000 palabras, finalmente tras retocarlo, debe constar de 900 palabras.

-Cuando el libro esté acabado guárdalo 6 semanas en un cajón y déjalo reposar. Tras ese período, te parecerá escrito por un perfecto desconocido; léelo de nuevo, listo para corregir incoherencias y ortografía.

-Piensa en a quién va dirigido el libro (lector ideal) e imagina como ríe, llora... mientras lee tu texto. Después, se lo dejas leer una vez acabado y revisado a ver si se cumplen tus expectativas.

-Suele ser más interesante lo que va a suceder que lo que ya ha sucedido.

-Si tienes que informarte, úsalo bien. No escribas un manual sobre aquello que has investigado (por muchas horas que hayas invertido).


Espero que hayas encontrado de utilidad algún consejo, un besote en el bigote.

 Si te gustó, compártelo pinchando en los iconos de aquí abajo, ¡gracias!

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