Por motivos personales hiper mega chachis me encontraré semi-ausente tanto en el blog como en redes sociales del 27 de mayo al 18 de junio (hay entradas programadas y wifi en casi todas partes XD). ¡Gracias y besotes!

16 de abril de 2017

Diario de un culo flácido: ejercicio para vagas.


Hello!!!! En esta entrada os traigo mi experiencia con el ejercicio.

No sé si me quedará igual que la primera vez que la escribí, porque al ir a ver si todo estaba bien, se me ha borrado sola (¿esto es habitual?) y mi cara ha sido algo como esto. 


En fin, qué frustrante, comencemos...



No pretendo convertirme en una gurú ni erigirme guía de nadie, sólo contar mi experiencia de persona normal y corriente y animarte, hacer que te sientas menos sola en este aspecto.

Hasta hace dos meses yo era la persona más vaga ejercísticamente hablando que existe (si me has leído antes ya sabrás que me invento palabras y les pongo hasta tildes).

Hasta que un día, a raíz de pasarme muchísimas horas seguidas de días enteros sentada escribiendo me empezó a doler tanto la espalda ya, que no se me pasaba ni yendo a la fisio; un par de veces me dio un tirón en el cuello y me quedé como Robocop, además me había hecho daño en la muñeca (casi casi un esguince), de la manera más chorra (también asociado con la escritura), estuve así unos meses hasta que mi fisio me dijo que me tenía que poner seria, que mi problema venía de «dentro»; abrí los ojos y vi que debía cambiar mi rutina y mi mentalidad y, ante el susto de creer que a los sesenta iba a parecerme a Cuasimodo con problemas de circulación y osteoporosis... decidí empezar a mover mi culo flácido.


MITOS

1. Las delgadas no comen: en algunos casos será cierto, pero en la mayoría (al menos los que yo conozco), comemos y mucho; por eso mismo, porque apenas subimos de peso. Pero eso no implica que esté bien que engullamos todo lo más grasiento y azucarado día y  noche. No, la delgadez no lo es todo. Tenemos derecho y necesidad de comer sano sin que se nos acuse de tener problemas alimenticios o de ser unas pedorras desagradecidas con nuestra constitución. Además, anuncio la existencia de una especie bastante desconocida: las personas a las que simplemente no les gusta comer, no disfrutan con ello y comen porque es necesario y ya está.
Decirle a alguien que ha adelgazado se considera un piropo, sin embargo, si hablamos de gordura ya es ofensivo y de mala educación. Yo creo que hablarle a alguien sobre su físico o personalidad sin que se le pida opinión SIEMPRE es ofensivo y de mala educación.
Repite conmigo si estás delgada: métete donde te llamen, yo como lo que me sale del txirrimirri.

Frases más odiadas que una delgada escucha a lo largo de su vida:
-Pero come, hija. Qué más da, si tú no engordas.
-Aprovecha ahora que luego los cuerpos cambian.
-Tú has adelgazado, ¿verdad? Menuda carita (despectivo implícito o lástima sinsentido) se te ha quedado.
-Pues anda que si tú no puedes comerte esa barra de pan familiar  con medio kilo de chopped dentro y esa tarta para seis comensales con triple capa de chocolate, crema y nata... ¡Quién puede!
-¿Tú celulitis? Anda, anda, exagerada.


2. Las rellenitas u obesas comen mucho y mal: de este tema no entiendo tanto, pero sé que en muchos caso no es así. A veces ganar peso depende de problemas de salud u otras simplemente de una constitución menos permisiva. Puñetera manía de juzgar o criticar. Nadie es perfecto y no mola que se metan contigo y menos de gratis.
El que esté libre de pecado, que tire el primer donut.
Repite conmigo si no estás incluida en los canones estándar de belleza del siglo XXI: yo soy como soy, así que no me rayes ni me cuentes tu vida.


EXCUSITAS, EXCUSAS Y EXCUSONES

-Excusita: no me apetece lavarme el pelo.
No, no disimules. Sabes de qué hablo. Es el típico día en el que el pelo está en el límite entre «me aguanta mañana todavía» y «me da pereza lavármelo a estas horas aunque está un poco grasiento». Qué fácil es criticar. En un mundo ideal y de cara al público, todos nos duchamos cada día y lavamos los dientes tres veces a diario, pero... Ay la realidad, qué distinta es.

-Excusa: Se me ha hecho tarde.
¿Para tirarte media hora en el sofá a retozar cual gorrino en el barro no se te ha hecho tarde, eh?

-Excusón: No tengo tiempo. No me da la vida.
¡Mentira, falacia, embuste! Esta es la excusa más mítica, el padre y madre de los excusones.
Di más bien que el poco o mucho tiempo que te sobra no quieres gastarlo en tal cosa o prefieres invertirlo en otra; es totalmente respetable.
El tiempo no siempre es el mismo y es cuestión de saber adaptarlo a las circunstancias de cada momento, pero nadie dijo que fuera fácil.



A lo largo de mis treinta y tres años he probado muchas cosas, pero el problema, la cuestión por la cual no lo conseguí hasta ahora, es la motivación. Buscaba mi motivación en lugares equivocados como... La tonificación, cuando en mi caso, era la salud. Tener la piel más tersa o los músculos más duros es sólo un beneficio colateral chachi.
Encuentra tu verdadera motivación, sea la que sea, todas son válidas, pero ha de ser auténtica para ti.

Cuando estés verdaderamente convencida de que hacer ejercicio es necesario apenas te costará. Te sorprenderá la velocidad a la que te acostumbras y lo rápido que lo incluyes en tu rutina, puede incluso que termines anteponiéndolo a cosas que te resultaban más cómodas o fáciles, porque descubrirás que tu cuerpo y mente se encuentran genial: duermes mejor, disminuye la ansiedad, tienes más energía por lo que aprovechas más el tiempo, mejor humor... Men sana in corpore sano.

Existen muchas opciones, para cada persona y todos los bolsillos: gimnasio, actividades en grupo, entrenador personal (no hay que ser millonario para probar un tiempo, te lo aseguro), ejercicio en casa con aplicaciones móviles, correr por la calle, bicicleta... No hace falta convertirse en una máquina de Fitness, simplemente moverse un poco. Cada una acorde a sus posibilidades, físicas, mentales, de tiempo, de dinero... 

En último lugar te dejo el discurso que Rocky le da a su hijo. Puede que no te gusten estas pelis o que Stallone te caiga fatal, pero te recomiendo que lo veas porque merece la pena el minuto y 58 que dura. Es un consejo de vida.




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