8 de julio de 2017

Retelling Épico: Elige tu propia aventura I


Lo prometido es deuda; ante la expectación suscitada en Twitter y los votos a su favor... Aquí llego con un Retelling-fanfic-loco cargado de... Tendrás que adentrarte en la aventura e ir descubriéndola poco a poco.
Conoce o reconoce a los personajes que se te irán presentando y, TEN CUIDADO, porque tus decisiones afectarán al curso de la historia facilitando o complicando la vida de los protas y desembocando en un final espectacularmente épico o en uno espectacularmente desastroso.
¿Te atreves?


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CAPÍTULO I


Mery se despierta cansada y con asco, como cualquier lunes. ¿Existe alguien a quién le guste ir a clase? Y, si encima, toca a primera hora Historia con el señor Pulpino, ya es para ir a mear y no echar gota.
El señor Pulpino es tan viejo, que probablemente presenció la mayoría de sucesos que narra durante tediosas horas. Mery pierde la noción del tiempo cuando Pulpi (como ella y su mejor amigo, Javi, lo llaman) comienza a divagar.
Mery desayuna y después se lava los dientes. Retoca sus rizos cobrizos y alocados con un poco de gel fijador y abre sus ojos verdosos frente al espejo para comprobar si consigue deshacerse de la cara de dormida. Finalmente, coge su mochila y se resigna a parecer un zombi al menos hasta media mañana.
Antes de darse cuenta se encuentra sentada en el mismo lugar de siempre: cuarta fila, pupitre del centro.
Javi llega tarde; algo habitual. Así que, Mery intenta distraer al señor Pulpino haciendo preguntas que lo arrastren hasta la pizarra y lo obliguen a escribir, dando la espalda a la puerta de clase.
―Ya le he dicho cientos de veces que debería hacerse un esquema, señorita ―dice el profesor, visiblemente irritado―. No puedo pasarme el día escribiendo lo mismo una y otra vez ―continúa, quejándose entre dientes―. Siglos V hasta XV...
«Que poco ha faltado…», Mery sonríe a Javi y le guiña un ojo. El chico abre la mochila con disimulo, escurriéndose en su silla, y busca el libro de historia.
―No está ―susurra.
―¿No está el qué? ―quiere saber ella.
―Mi libro de historia.
―Mierda.
―Requetemierda.
―Ve a la biblioteca ―sugiere―. Seguro que tienen alguno de segunda mano que no hayan vendido este año.
Javi levanta la mano y el señor Pulpino le concede unos minutos para ir al baño mientras asiente con la cabeza, pero sin dejar de escupir palabras y saliva esporádica.
El chico sube al piso de arriba y entra a la biblioteca. Está en silencio. A primera hora no suele haber nadie; de hecho, temía que aún estuviera cerrada.
―Vamos a ver… ―murmura buscando con la mirada.
Se dirige hacia la estantería cuyo cartel reza «Libros académicos de segunda mano». Pasea el dedo por varias filas hasta dar con la de su curso.
―Primero de bachiller. ¿Dónde estás, bonito? ―se pregunta limpiando sus gafas con el borde de la camiseta.
―Buenos días. ―Un hombre alto y encorvado, de piel blanca y nariz aguileña lo saluda―. ¿Puedo ayudarlo?
―Disculpe, pensé que no había nadie ―dice enrojeciendo y colocándose las gafas de nuevo―. Busco un libro de Historia, el de primero de bachiller.
―Oh, ya… Sí, sí, sí, sí ―divaga―. Supongo que su profesor es el señor Pulpino.
―Así es. Y, ¿usted...?
―Venga por aquí ―dice obviando la pregunta―. Creo que guardé el último ejemplar disponible en una de estas baldas. ―Guía al chico hasta una estantería escondida, semioculta tras otras más voluminosas―. Eso es, aquí está.
El hombre entrega el libro a Javi con una sonrisa de oreja a oreja, quien sale corriendo hacia la entrada de la biblioteca para volver lo antes posible a clase.
―Por cierto ―dice el chico, escondiendo el libro bajo la camiseta―, gracias.
―De nada, hijo. Si necesitas algo puedes hablar conmigo. Soy Gregorio, pero todos me llaman Gre.
―¿Por qué has tardado tanto? ―le pregunta Mery cuando el chico toma asiento junto a ella.
―No encontraba el libro. Menos mal que ya estaba el bibliotecario.
―¿Qué bibliotecario? Hace dos semanas que la señora Vázquez falleció y el puesto aún sigue vacante.

Suena el timbre y Mery y Javi salen rápido. El hermano de este los está esperando aparcado en la acera, apoyado en el capó del coche.
Mikel estudia en la universidad y le va bien. Está en su segundo año y no ha suspendido ninguna asignatura aún. Ya le queda menos para ser forense; su sueño desde que era niño y veía documentales de asesinos en serio y criminales varios.
―Hola, Mikel ―saluda Mery tratando de no babear y ahogarse en su propio charco.
Mikel Escampo debe ser el chico más guapo del planeta, según Mery. Moreno, muy alto, con unos ojos azules pequeños y rasgados que lucen perfectos con su tez blanca. Y, además, es tan listo… Tan, pero tan listo… Y buena persona; ayudó a su madre con Javi cuando su padre los abandonó antes de que éste naciera, por eso Mikel y Javi tienen distinto el primer apellido aún siendo hermanos de sangre por ambas partes.
―Vamos, chicos ―dice Mikel dando palmas para apremiarlos―. Si no salimos ya llegaréis tarde al cine; además, he quedado.
Mery suspira en silencio. Hay chicas con mucha suerte, chicas como las que consiguen salir con Mikel Escampo. En el último año ha salido con varias jovencitas y a cada cual más mona, pero ninguna le dura más de tres meses y se rumorea que siempre las deja él, así que puede que finalmente no resulte ser el perfecto caballero con el que Mery sueña.
Los dos jóvenes suben al coche y Mikel desaparca rápido.
«Hay días que parece que todos los semáforos se ponen en rojo al verme llegar», acelera y se salta uno en ámbar.
A Javi se le ocurre una gran idea para el trabajo de Filosofía y saca el libro de historia para usarlo como apoyo; coloca una hoja de su portafolios sobre este y comienza a redactar.
―¿A quién escribes? ―pregunta la chica sin pensar.
―Ah, nada ―responde Mikel tirando el móvil en el asiento del copiloto―. Aviso a mi amiga de que llego un poco tarde.
Mery arruga el morro y suspira de nuevo en silencio. Echa un ojo a lo que Javi escribe tratando de distraer el pensamiento.
―¿Qué es eso? ―pregunta ella tirando del marcapáginas de tela que asoma sutilmente algunos de sus flecos.
―¡Mierda! ―Mikel sujeta el volante con fuerza, intenta corregir la trayectoria. Los cinturones de seguridad tiran con fuerza y sujetan los cuerpos a la deriva que se agitan mientras el coche da giros sobre sí mismo.

Mery enmudece; sin embargo, Javi grita desconsoladamente y trata de sujetarse con la esperanza de que termine pronto el bamboleo. Mikel hace lo que puede, aunque está casi seguro de que ha perdido el control del auto. El vehículo se estampa contra el muro de un parking al aire libre y Mery queda inconsciente tras golpearse la cabeza con la ventanilla. Mikel siente como su hombro derecho se desencaja y su espalda sufre un fuerte latigazo. Javi observa horrorizado la escena, se palpa la cabeza, los brazos, el pecho… Parece que todo está en su sitio; excepto las piernas, no siente apenas el roce de su mano en ellas. Y, entonces, lo ve junto a sus pies: el libro de historia está abierto por la hoja que señalaba el marcapáginas y todo se torna borroso.

―¡Vamos, aprisa! ―El hombre que dirige el carro azota a los dos caballos y echa un vistazo hacia atrás. Los perseguidores están cada vez más cerca.
Mery abre los ojos y sacude la cabeza. Está sentada en un incómodo banco de madera y frente a ella están Javi y Mikel aún adormilados.
El carro da un giro brusco para virar hacia la izquierda y Mikel cae al suelo. Despierta por el golpe.
―Pero ¿qué narices…? ―El chico pega un bote por uno de los baches y se desliza sobre su trasero hasta la puerta del carruaje.
―¿Mery? ―pregunta Javi con los ojos entornados.
―¡Prestos! ―grita el conductor sin girar la cabeza ni un ápice―. Abran la portezuela y salten. Abajo, al final de este camino, hallarán un riachuelo que les conducirá al pueblo de Helvalor. Allí deben buscar la panadería Baker; su dueña les dará mayor número de instrucciones.



¿Qué decides…?
(Haz un comentario en esta entrada mencionando tu elección o vota en la encuesta que habilitaré en Twitter durante unas horas. Continuaré la historia basándome en la decisión que mayor puntuación obtenga entre ambas plataformas). Tienes hasta las 20:00 de hoy para votar.

A) Obedeces y te tiras en marcha del carromato con la esperanza de hallar respuestas y seguridad en Helvalor.

B) Ese hombre está chalado. No me tiro en marcha ni de coña. A ver cómo me libro de los tíos que nos pisan los talones con una pierna rota. Voy a seguir aquí tranquilito y a ver hasta donde llegamos con este trasto.
  


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5 comentarios:

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