13 de julio de 2017

Retelling Épico: Elige tu propia aventura III


Aquí estoy de nuevo con la tercera entrega del Retelling épico más absurdo.
Si aún no has leído su primera y/o segunda parte, ¿a qué esperas? Búscala en mi blog y después regresa aquí para continuar la aventura.

¿Empezamos?

edad media cuento


―Seguidme, amigos ―dice el bufón dando saltitos y agitando los cascabeles de su gorro. 
―Me da que nos vamos a arrepentir ―susurra Mikel tapándose la boca para disimular.
―Lo del trol mongol no suena muy esperanzador ―añade Mery al mismo volumen.
―Que sepáis que me parece incorrecto referirme al trol con ese mote tan despectivo ―manifiesta Javi cruzándose de brazos.
―Tranquilo, compañero ―contesta Simón retrocediendo a su altura―. El trol mongol vive en el Ulán Bator del mundo mágico, de ahí su mote.
―Vaya. ―Javi echa a reír aliviado y canturrea por lo bajines y con alegría «trol mongol» hasta que repara en que la visita probablemente no tenga nada de positivo.
Caminan durante horas por lo que dan buena cuenta de los productos del hatillo; el viaje se hace ameno gracias a las canciones y anécdotas del bufón. Joe Storm, en cambio, no suelta ni una sola palabra hasta estar próximos a la gruta. Le ha herido en lo más hondo que unos mortales a los que ha salvado la vida, confíen antes en un bufón que en él, pero no le queda más remedio que acompañarlos si quiere asegurarse de que llegan a los dominios de lord Bol de Choc. Además, ¿quién si no será capaz de rescatar a la princesa Mermelglass y llevarla con vida hasta el alquimista Serafín Copérnico? «No te tortures, Joe ―se repite a sí mismo varias veces―. Sin ti están perdidos, eres el héroe de esta misión de suma importancia. ¡Misión vital!», se echa la melena rizada hacia atrás y mira al frente.
―Hemos llegado ―anuncia Simón logrando con sus palabras un silencio sepulcral. De repente el bufón pierde la sonrisa y agrava la voz―. Debemos ser sigilosos si no queremos despertar al trol ―carraspea―. No se caracteriza por su buen humor precisamente…
―Ni trol ni tral ―le interrumpe Joe Storm recordando a una madre ofendida―. Adentrémonos en busca de la gloria y la salvación de nuestro reino.
―¡Olé! ―grita Mery aplaudiendo.
Javi y Mikel la miran sin cambiar el gesto. Conocen a su amiga, siempre ha sido muy intensa y en las situaciones límite se crece.
―Callad y caminad ―ordena Simón haciendo alarde de su don compositor instantáneo―. Pegaos a mí y seguid la luz de la vela.
El bufón se desliza dentro de la gruta y arrastra los pies para resultar más sigiloso. Los demás lo imitan y así avanzan a lo largo de un kilómetro, temerosos incluso de respirar demasiado fuerte.
«Grrr, ñañaña, grrrrruuuu», se oye en las cercanías.
El bufón los ordena detenerse con la mano en alto, y Mikel que va en primer lugar choca contra su espalda, y así todos los demás creando el efecto dominó. La vela cae al suelo y se sumergen en la más absoluta oscuridad.
―Ay, ay, ay ―susurra Javi justo antes de tropezar con una piedra desprendida.
―¡Aghhh! ¿Quién osa despertarme? ―grita el trol prendiendo una antorcha e iluminando los esqueletos que decoran parte del suelo―. Ja, ja, ja. ¿Con ese tamaño ridículo pretendéis cruzar mi abrupta gruta?
―Disculpe, apuesto caballero ―responde Joe Storm―. Nos hemos perdido, imploro su perdón. Si nos permite continuar el camino, en menos que canta un gallifante nos perderá de vista.
El trol deposita la antorcha en la pared, en un hueco destinado a tal efecto y se agarra la barriga mientras una grotesca sonrisa asoma a su cara.
―Soy el trol más temido de todo Helvalor ―se jacta―. ¿No creeréis que me creo que no conocéis al trol mongol al que le gusta el alcohol?
Mery se pitorrea sonoramente mientras Mikel y Javi tratan de disimular dando palmadas.
―¡Bravo! ―exclaman ambos casi a la par.
―Es usted toda una eminencia ―interviene Mikel―. Por supuesto que conocemos al gran trol mongol, pero desconocíamos que esta fuera su morada. Ruego nos perdone semejante torpeza insultante.
Joe Storm se retira de nuevo los rizos de la cara, pero esta vez con un golpe de melena. Empieza a cansarse de que le roben el protagonismo y su moral se tambalea.
―Es mentira ―murmura Joe al oído de Mery―. Es abstemio, pero muy malo con las rimas; así que inventa verdades y palabras cada vez que se le presenta la ocasión ―dice pretendiendo ser de utilidad.
―Está bien ―concede el trol―. Si dais con la respuesta a esta adivinanza, podréis pasar sin más tardanza.
Los viajeros aguardan en silencio mientras el trol da vueltas a su alrededor.
―Oro parece, plata no es… ―comienza, bañando con su aliento a los presentes―. Dígame usted qué fruta es.
―Madre mía ―deja escapar Mery.
Joe Storm y Simón se rascan la nuca y la barbilla respectivamente.
―La banana ―suelta Javi sin someterlo a votación.
―¿En serio? ―pregunta Mikel―. El plátano ―rectifica deprisa.
―¿Veis esta montaña de huesos? ―pregunta el trol de forma retórica, señalando los esqueletos―. Aquí yacen todos lo que no adivinaron semejante acertijo, canijo ―le espeta a Mikel.
―Se acabó tanta palabrería ―dictamina Joe Storm―. Aparta o sufre mi ira, trol mongol, te atravesaré con mi espada y te meteré en formol.
El trol ruge haciendo retumbar las paredes de la cueva. Joe Storm se encarga de distraerlo mientras los demás pasan entre las piernas del gigante, y huyen hacia la salida no sin antes robarle la antorcha.
―¡Veo luz! ―exclama Simón en cabeza.
―¡Corred, insensatos! ―aúlla Joe Storm―. ¡Es más fuerte que mongol, si cabe!
El trol les pisa los talones gracias a sus largas piernas y enormes zancadas.
―¡Os comeré y me limpiaré los dientes con las astillas de vuestros enclenques huesos! ―grita jadeante.
―¡Atrás, indigno mangurrino! ―ordena Joe blandiendo su espada en al aire y sin dejar de correr, ahora de espaldas.
El grupo abandona la gruta y la salida comienza a cerrarse por culpa de un desprendimiento. Mikel sale en penúltimo lugar pegando un salto para esquivar las piedras, seguido de Joe Storm que se tira de cabeza y cae rodando a la hierba húmeda.
―¿Y el trol? ―pregunta Mery mirando el cúmulo de piedras apiladas.
―Confraternizando con mi espada. ―Una sonrisa de autosuficiencia ocupa el rostro de Joe Storm mientras señala la vaina vacía que porta en la cadera.
El equipo se toma unos minutos para recobrar el aliento y echan a andar de nuevo.
―Ahí está el puerto de Zenión ―avista Joe con la mano a modo de visera, al pie del acantilado―. Prestos, debemos llegar antes de que la embarcación de Jake Espátarrau zarpe.
―Pero es un pirata ―rebate el bufón―, dudo que quiera llevarnos. Además, no tenemos dinero para pagar el viaje si se diese el caso.



   ¿Qué eliges?

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A)  Te intentas colar en el barco y punto. El señor Espátarrau no te asusta; piratuchos a ti.

B) Tratas de negociar en el pueblo para conseguir dinero a cambio de los efectos personales que lleváis todos encima y, poder ofrecerle dinero al pirata más temido de todo el mar de los congrios, con la esperanza de que os acepte en su barco.


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